El 3 de noviembre de 2002, la erupción del volcán El Reventador marcó un hito en Ecuador al cubrir Quito de ceniza y paralizar las operaciones aéreas. Dos décadas más tarde, el coloso continúa mostrando una actividad eruptiva constante, caracterizada por la expulsión de material volcánico y flujos de lava. Aunque los sistemas de monitoreo permiten detectar el despertar de estos fenómenos naturales, la sociedad ecuatoriana aún enfrenta desafíos significativos respecto a los protocolos de respuesta y prevención ante una emergencia de gran magnitud. La recurrencia de este evento sirve como un recordatorio necesario sobre la ubicación geográfica del país en una zona de alta actividad volcánica. Ante este escenario, las autoridades y la población deben priorizar el fortalecimiento de las medidas de seguridad y los planes de contingencia para mitigar los riesgos derivados de futuras erupciones.
Source : El Comercio (EC)


