En junio de 2026, Bolivia finalizó el sistema de tipo de cambio administrado por el Banco Central, el cual mantuvo una paridad fija de 6,96 bolivianos por dólar desde 2011. Esta modificación marcó el fin de un pilar fundamental del modelo económico previo. La medida ha generado diversas interpretaciones, siendo calificada por algunos sectores como una devaluación que afectó el poder adquisitivo, mientras que otros la consideran una reforma insuficiente frente a las sugerencias del Fondo Monetario Internacional. El análisis sostiene que estas visiones ignoran el contexto y la lógica técnica detrás de la decisión. Desde febrero de 2023, la tasa oficial se había convertido en un valor nominal desconectado de la realidad del mercado, donde el acceso a divisas era limitado. Para finales de 2025, la brecha con el mercado paralelo superaba el 80%, evidenciando la insostenibilidad del esquema anterior.
Source : La Razón (BO)


